Imagínate estar en medio de una discoteca o fiesta en la que todo el mundo está tremendamente borracho y tú no bebes más que agua.
Quizás, al principio, puedas sentirte medio cómodo, pueda que te guste la música y te hagan «gracia» las torpezas de los demás.
Pero probablemente, en algún momento, te parezca mal la actitud de alguien que está desfasado, te pese la imposibilidad de tener una conversación mínimamente interesante o encontrar a alguien que diga algo con sentido.
En algún momento, empezarás a sentirte fuera de lugar.
Y lo que antes te hacía gracia ahora te parecerá un sinsentido colectivo, incluso una auténtica barbaridad.
¿Qué harías?
Seguramente pienses que te marcharías de allí y buscarías otro ambiente más adecuado, en el que te sintieras a gusto. O que unos cuantos cubatas te pondrían al mismo nivel de los demás.
El problema está en que tú ya has decidido que prefieres no beber alcohol hasta parecer un pingüino y que, por lo tanto, esos ambientes ya no te interesan. Has elevado tu conciencia a otro nivel.
¿Y si resulta que hay personas que nos sentimos al igual que el sobrio entre borrachos en muchísimos otros ambientes?
Yo me siento así cuando por ejemplo, muy de vez en cuando, me subo en un metro abarrotado o me encuentro en un atasco y veo las personas que tienen esa situación como normal. ¡Pasar varias horas a la semana en un atasco o metido en un vagón para ir a trabajar!
A la mayoría le parece normal, al igual que al que está vomitando alcohol en la taza del water le parece normal ver a otro metiéndose una raya.
También me siento así cuando voy a un super y veo a gente comprando en un pasillo lleno de veneno en forma de bollería.
O cuando intentaba (ya no lo hago) convencer a alguien de que se puede vivir sin trabajar en algo que repudias.
A veces me da la sensación de que las personas conviven en una sociedad de perdidos donde cada quien trata de sobrevivir a su borrachera personal. ¡Y luego se extrañan de que tomen malas decisiones!
Es prácticamente imposible tomar buenas decisiones cuando estás hasta arriba de estrés, azúcar, dopamina instantánea, estímulos y sin dormir bien. Que alguien acierte en algo en este estado es más bien casualidad.
Para mí, la solución pasa por marcharte de la fiesta, bajarse del vagón de metro y no tomar un solo atasco más. Ponerte a respirar aire puro, huir del veneno y rodearte de personas con las que sintonices y que te hagan crecer.
No volver a decir un «es que no tengo tiempo» y buscar la manera de financiar una vida en la que el centro sea tu calidad de vida, que además es mucho más barato que la vida del borracho repleta de malas decisiones.
Si esto pasa por renunciar a la mayor parte del mundo, bienvenido sea.
Yo prefiero crear mi pequeño espacio, sentirme más libre y compartir con otras personas que también tienen la conciencia despierta.
«La libertad no se persigue, se construye.
El primer paso hacia la libertad es saberte capaz de ella,
el segundo, no aceptar otra cosa.»
Un abrazo,
Carles
PD: Si estás de acuerdo y no sabes ni por dónde comenzar, empieza por La Alternativa: la formación para crear tu libertad, deja de decir «es que no tengo tiempo» y cámbialo por «ahora no puedo, que estoy creando mi libertad».
Cada semana comparto en la Newsletter contenido de valor
Simplemente rellena tus datos y recibirás el regalo directamente en tu bandeja de entrada 😉
Comparto aquello que he aprendido en la newsletter
Actualmente más de 10.000 personas reciben mis correos, ¿quieres ser uno de ellos?