Hoy, desde Tailandia, os tengo que contar una historia personal. Y es que viajando te pasan mil y una aventuras… y no todas son buenas. Es por eso que hoy vamos a hablar de los peligros viajando.
Los elementos del azar
Cuando viajas te expones a elementos del azar que no controlas. Es imposible controlar todos los elementos externos y que condicionan tus viajes. Eso, si sumamos que a menudo existen diferencias culturales y de lenguaje, puede complicarnos la existencia… ¡y mucho!

Tailandia, Krabi y las cabañas
Acabamos de llegar a Krabi, a Tailandia. Para los que no lo conozcáis, Krabi es un destino bastante turístico de las paradisiacas playas de Tailandia.
Como podéis imaginar, las ofertas de hospedaje son muchas, pero también su demanda. Así que con Carla, mi pareja, decidimos buscar alguna opción vía internet y prereservar las noches ahí.
Encontramos unas cabañas a precio muy asequible que, además, incluyan una moto con la habitación. ¡La oferta era fantástica! Como íbamos a pasar varios días, la idea de tener una moto nos pareció perfecta.
Así que alquilamos nuestra pequeña cabaña en Pitt Bungalow, situado en un bosque al lado de la carretera y un poco alejado de la playa. Un lugar perfecto para relajarnos.

La llegada
Llegamos al lugar en cuestión a las 3 de la tarde, hora local. El sitio era enorme, con unos 50 bungalows. La entrada no fue buena, ya que el chico de recepción no fue muy amable.
Nos ofreció un bungalow alejado y una moto un poco atrotinada, que pedimos cambiar. Todo dejaba bastante que desear: la habitación era una ruina y las ventanas no tenían mosquitera. Eso, en Tailandia, significa tener una noche llena de mosquitos.
El colmo de todo fue que no teníamos wifi en la habitación y eso, para mí, y para cualquier Nómada Digital, es un problema. Así que decidimos preguntarle si podíamos cambiar de habitación para poder conseguir la señal de wifi. La respuesta fue negativa.
La oferta de la moto
Efectivamente la moto iba incluida con el precio de la habitación, pero la moto era vieja, sin frenos y con mala amortiguación… ideal para los caminos de tierra tailandeses. No había más opción, así que no nos quedó más remedio que aceptar la moto que nos ofrecía.

Los problemas nunca vienen solos
Después de pasar toda la tarde tumbados en la playa, llegamos al hotel ya casi de noche. Nos disponíamos a trabajar un buen rato en el restaurante, ya que, tal y como he explicado, no había internet en la habitación.
Terminamos de trabajar y luego volvimos a la habitación. Al volver llegó la primera sorpresa: una rata de dimensiones considerables estaba entrando por la puerta al mismo tiempo que nosotros.
La habitación daba asco y el colchón estaba en el suelo… si le sumas una rata, el tema se estaba poniendo un poco fastidioso.
Decidimos intentar un cambio de habitación, así que me dirigí a la recepción. Pero no encontré a nadie, así que nos conformamos con los hechos.
Era difícil dormir. Entre la incomodidad de la habitación y la tensión que suponía estar pendiente de que no entrara ninguna rata, dormir fue complicado.
Pero los problemas no vienen solos. A media noche, empecé anotar que se me dormía la mano. La habitación estaba llena de hormigas negras. ¡Eso ya fue la guinda del pastel!
Me dirigí en la recepción ahora ya con la intención de encontrar a alguien que nos atendiera. De repente el chico de recepción apareció, de malos modos y enfadado por haberle despertado. Después de explicarle la situación, la respuesta del chico fue ignorarnos.
La situación era insoportable. Teníamos que movernos sí o sí.
Los dos nos fuimos a recepción ahora sí decididos a cambiarnos de habitación o de hotel. Teníamos que arreglar la situación o no dormiríamos en toda la noche.
Parece ser que despertar al chico del hotel dos veces no fue buena idea. Él, responsable del hospedaje, empezó a discutir con nosotros. Llega un punto en que el chico estaba realmente enojado y nos invitó a paga mucho dinero para cambiarnos de habitación.
Ahí nos dimos cuenta de que él ya sabía que era una mala habitación. Estamos seguros que no era la primera vez que pasaba una situación similar.
Discutiendo conseguimos que nos devolviera el dinero de las dos noches que nos quedaban en la reserva. La situación se había ido de madre y ya no queríamos quedarnos ahí. Para poder mover todas nuestras cosas, le propuse al chico usar la moto para poder buscar un sitio para dormir antes de devolvérsela. Al final, habíamos pagado por esa primera noche, así que teníamos el derecho de usarla.
Un derecho que, según el chico de recepción, no teníamos. Y nos lo hizo saber ¡sacando una pistola! El chico estaba totalmente fuera de sí. Me encañonaba.
Si analizamos la situación, yo era un cliente con un problema y él me estaba encañonando. En situaciones así, los nervios se pierden y no estás seguro de cómo va a reaccionar la otra persona.

El desenlace
Pistola en mano y a la una de la madrugada, nos encontramos saliendo del hotel. Empezamos a caminar hacia la carretera. ¿Qué más podíamos hacer?
El camino fue largo. La verdad es que estábamos asustados y no sabíamos bien qué camino sería el más seguro.
Muchas veces la intuición es lo que te ayuda a salvarte la vida. En situaciones de peligro, buscar turistas igual que tú, sitios públicos o con más gente nos pueden salvar de situaciones desagradables o de riesgo.
Manejamos la situación bien, aunque los sustos siempre se quedan dentro.
Aunque viajar es seguro, siempre hay situaciones que se pueden complicar. Es verdad que las diferencias culturales, de actitud o verbales complican la situación. Pero en este caso, solo podemos responsabilizar a un chico loco que no controlaba lo que estaba haciendo. No es Tailandia, no es Krabi, es un chico violento con un arma.
El aprendizaje
A lo largo de mi vida me he cruzado con locos así varias veces. Me he expuesto a situaciones que te puede cambiar la vida. Viajando también encuentras este tipo de peligro. Al moverte mucho y en sitios con personas que tienen acceso a armas, hace que te expongas más.
A fuera hay locos, al igual que en casa. La casualidad y el instinto nos ayudan a huir cuando detectamos que una situación no es normal o es peligrosa. Me doy cuenta de que no me gusta esta parte de exponerme tanto durante los viajes.
Para mí, sentirme inseguro es de las peores cosas de viajar. Pensando en eso, también entiendo que es peor para las mujeres. Yo no pienso en que me puedan violar. Para mí los peligros suelen ser monetarios: que te roben, con o sin violencia.
No voy a dejar de viajar porqué haya locos en el mundo, solamente trataré de no exponerme en absoluto y viajar de forma más segura. Hay que ser consciente de que estos peligros existen y esto nos hace estar más atentos y evitar las situaciones.
Realmente, de todo se aprende y las experiencias nos aportan consciencia y prevención.
De momento las he contado todas, y ¡esperemos que siga siendo así!
Cada semana comparto en la Newsletter contenido de valor
Simplemente rellena tus datos y recibirás el regalo directamente en tu bandeja de entrada 😉
Comparto aquello que he aprendido en la newsletter
Actualmente más de 10.000 personas reciben mis correos, ¿quieres ser uno de ellos?
Ahh Carles, me tienes siempre en un vilo cuando te escucho. Me siento allí y casi que sufro con vosotros. Te agradezco un montón que nos cuentes las cosas tal y como son, sin endulzar la realidad y sin filtros. Es un grandísimo aprendizaje.
Gracias Ana! Mientras me escuches, es que han salido las cosas bien! 😉