Hoy os contaré una mala experiencia. Y es que no siempre todo son buenas noticias y de lo malo se aprende.
Os hablo desde Chiang Mai, al norte de Tailandia, donde acabamos de llegar con mi compañera después de ¡un viaje algo movido!

El inicio del viaje
Veníamos de Kanchanaburi, una reserva natural cerca de la frontera con Myanmar, pero algo más al sur de Chiang Mai. Para ir de un sitio a otro hay un autobús nocturno de unas cuantas horas.
Íbamos en un bus de dos plantas y nos ubicaron al final del autobús. Viajamos con 2 mochilas: la de la espalda con todo el equipaje y una mochila de mano con todo lo de valor: portátil, cámara, etc.
Como el trayecto es lago el bus realiza una parada para que puedas comer en un restaurante de carretera habitual. Cuando el bus paró, decidimos esperar que todo el mundo saliera para bajarnos los últimos y evitar robos de algún pasajero.
Pero mi compañera se dejó las gafas en el bus. Así que fue otra vez al bus con la sorpresa de que al entrar, mi mochila estaba en manos de la azafata del bus. Nos pareció algo extraño. Así que me dirigí hacia al bus corriendo para pedir explicaciones.
Al subir llegó la sorpresa ¡la azafata tenía 500 dólares en mano que sacó de mi mochila!

El nudo y el embrollo
Tal cual lo vi empecé a gritarle. Os podéis imaginar que las excusas fueron varias, intentando que apareciera que se me habían caído. Algo inverosímil sabiendo como los guardo en el interior de la bolsa.
La solución fue llamar a la policía. Descubrimos que no solamente me había robado a mí durante el trayecto. La situación se puso algo tensa mientras no llegaba la policía. Fueron unos momentos algo estresantes. Mientras yo cogía a la chica, el conductor intentaba mediar y entender lo que sucedía.
Entre tanto aparece un policía tailandés, encima de una moto y completamente borracho. Si la situación era surrealista, tenemos que añadir que el policía no hablaba nada de inglés. Tuve suerte de que un chico se ofreció a hacer de traductor. El resultado fue llamar a la policía turística. Y es que Tailandia es un país tan turístico, que hay un departamento exclusivo para ello.
Estuvimos horas discutiendo sobre el robo entre la policía, la azafata, el dueño de la compañía y yo. Parece que ellos querían olvídalo de todo, que la azafata me devolviera el dinero y que quedara todo en paz.

El desenlace
Al final la solución fue ir a comisaría al llegar a Chang Mai. Ahí, con la policía turística pude poner una denuncia.
Lo que ya sabíamos y vivimos en nuestra propia carne es que el idioma es un obstáculo. Saber que hablan de ti, de lo que te está sucediendo pero no entiendes nada pone muy nervioso, además que estás desprotegido y desorientado. Todo esto, nos pasó en un país tan turístico como Tailandia.
Conseguimos revisar las cámaras de seguridad del bus y pudimos comprobar que efectivamente la azafata había robado.
La verdad es que esto nos alivió mucho. No tanto por el hecho del dinero, sino por la impunidad con la que se mueven ciertos ladrones en países turísticos. Creíamos de verdad que no sacaríamos nada de todo aquello. Pero para nosotros era importante poder crear un precedente e intentar que no volvieran a robar a otro turista en el futuro.
Tal y como fue todo tenemos clarísimo que no era la primera vez que había robado. Y eso nos indigna, puesto que los turistas a menudo somos víctimas de pequeñas injusticias como esta. Según el policía lo más probable es que la chica irá a la cárcel. La verdad es que no es algo que me da pena. La sociedad no funciona por estos comportamientos.
Me alegro de haber llegado al final y saber que en un futuro no volverá a repetirse con otros turistas.
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