Diferentes tipos de suerte

La suerte existe. Son sucesos al azar que nos benefician, como también existe la mala suerte, sucesos al azar que nos perjudican. ¿Pero hay personas que atraen a un tipo u otro de suerte? ¿Es posible tener muchas veces buena suerte y casi nunca mala suerte?

Personalmente soy una persona bastante escéptica a las creencias, muy pragmático: las cosas suceden si las provocas.

Por eso mismo, muchas veces me ha chirriado un poco cuando escucho a alguien decir: “¡Qué suerte tienes!”, quitando totalmente el mérito al receptor, como si de él no hubiera dependido nada.

Es cierto que existen sucesos, aleatorios y fuera de nuestro control, que cuando nos benefician consideramos que hemos tenido suerte. Lo mismo en la dirección contraria, cosas malas que suceden y que adjudicamos a la mala suerte.

diferentes tipos suerte

Sin embargo, creo que se puede controlar, propiciar y/o evitar la suerte/mala suerte, además, de que hay diferentes tipos de suerte, que es muy importante identificar para comprender y aprender a “manejar”.

La suerte del tipo A: suerte ciega.

Esta es la suerte pura, la que sucede totalmente por azar y en la que no tenemos ningún tipo de interferencia. La suerte ciega es la que hace que toque la lotería a un número y no a otro o que un rayo caiga en un punto u otro. Aquella que no se puede manipular ni atraer de ninguna manera.

En este tipo de suerte lo único que podemos hacer es aumentar o reducir las probabilidades de que suceda -comprando más de un número de lotería o instalando un pararrayos para evitar que nos caiga a nosotros-.

Muchas veces se atribuye este tipo de suerte a la fe, Dios o al buen/mal agüero. Es aquella suerte sobre la que no tenemos control. Es simple casualidad y es algo en lo que racionalmente no deberíamos de tener ningún tipo de esperanza o preocupación.

La suerte del tipo B: Suerte provocada.

Éste es seguramente el mayor de los grupos de suerte, aquella que sucede en consecuencia de nuestras acciones.

tipos de suerte

Tenemos muchísimas maneras de aumentar nuestra suerte. Por ejemplo la suerte de un pescador: ¿Qué hace que un pez muerda un anzuelo o no? Hay muchísimos factores que pueden aumentar las probabilidades de que termines pescando: poner una mejor carnada, tirar más de un anzuelo, ir a una hora determinada o una zona en la que normalmente hay más pescado.

Que un pescador con una sola caña desde la orilla saque más peces en una noche que una barcaza con una línea de 200 anzuelos tirados encima de un banco de pescado puede suceder, pero es muy poco probable, el primero debería tener mucha suerte y el segundo muy mala suerte.

Cuando aumentamos nuestras probabilidades de que sucedan cosas, la lógica nos dice que es más probable que sucedan. Esto es aplicable en absolutamente todos los aspectos de nuestra vida:

  • Es mucho más probable que encontremos pareja si tenemos mucha vida social que nos haga conocer gente nueva.
  • Encontrar un mejor trabajo si lo buscamos activamente.
  • Vender un producto si lo anunciamos.

Hay personas que son buscadoras activas de este tipo de suerte por naturaleza, lo mismo que hay otras que no lo son y se quejan continuamente de su mala suerte.

buscar la suerte

La mayoría de los emprendedores exitosos han emprendido anteriormente otros negocios antes de encontrar el bueno que les ha hecho triunfar. El hecho de buscar activamente el éxito una y otra vez ha hecho que, al final, lo encontraran. No solamente por el mero hecho de la repetición, sino por el entrenamiento sucesivo de habilidades.

Cuando tienes cierta experiencia o práctica en algunas tareas específicas, propicias muchísimo el éxito.

Volviendo al ejemplo de los pescadores: si es la primera vez que sales a la mar con tu barco puede que pesques algo, pero la falta de experiencia y pericia hará que cometas errores que disminuyan tu éxito; lo mismo que el pescador experimentado habrá conseguido mejores resultados porque ya tendrá por mano la faena.   

Tener ojo avizor para la buena y/o mala suerte es resultado de la práctica y la experiencia, así como un don natural y una habilidad que puede entrenarse.

Convertirte en un cazador de buenas oportunidades o saber evitar las malas es una facultad buenísima que marca totalmente la diferencia. Hay personas que tienen a capacidad de “descubrir la suerte” de manera natural, pero la mayoría de los descubridores lo son por análisis de la experiencia.

Aprender de los aciertos, encontrar patrones en común y evitar errores repetitivos hacen que se propicien este tipo de situaciones en las que tenemos mejores resultados.

tener buena suerte

Las personas que siempre tienen mala suerte.

Siempre me ha sorprendido la cantidad de personas que tienen mala suerte en casi todo, que siempre hay cosas que les van mal -normalmente son personas que también tienden a quejarse mucho y a fijarse solamente en las cosas negativas de la vida-.

Casi siempre esa mala suerte está relacionada con factores en los que ellos activamente interfieren. Por la inacción o, peor aún, por la acción en la dirección opuesta a la del resultado buscado -saboteadores inconscientes-.

Que se te queme el piso accidentalmente puede ser muy mala suerte, pero es más fácil que suceda si tienes una instalación eléctrica deficiente que está dando chispazos todo el día y te da pereza repararla, es todavía más fácil que pase si dejas el gas abierto de la cocina y está encendida la chimenea.

Esto, que a todas leguas nos parece un disparate, sucede en menor medida de manera constante y es una parte importante que marca la diferencia entre que las cosas salgan bien o mal.

Suerte tipo C: Derivada - Provocada y proveniente de los demás.

Este tipo de suerte escapa de nuestro control directo, es la que está relacionada en consecuencia indirecta de nuestros actos.

Es aquella suerte de los demás que, de rebote, nos toca a nosotros. En la que nosotros no podemos interferir pero sí que podemos sembrar semillas para que, si sucede, nos afecte de manera positiva.

Por ejemplo: Imaginemos que trabajamos en una gran empresa donde tenemos un jefe directo que gestiona un proyecto. Por “suerte”, a este jefe le han ofrecido un súper puesto en la competencia, con un sueldazo y le han pedido que organice un equipo de los mejores a los que van a pagarles también una barbaridad y nos ha ofrecido uno de esos jugosos puestos.  O que al gerente de una pequeña empresa que proveemos le ha tocado la lotería y ha decidido ampliar su negocio y quiere que le aumentemos nuestra facturación 20 veces más.

Este tipo de suerte es derivada de los tipos A y B de los demás y es indirecta porque, a pesar de ser consecuencia de nuestra relación con los demás, sucede necesariamente cuando un tercero ha tenido suerte.

trebol buena suerte

Para fomentar este tipo de suerte, es muy importante el concepto que tengan los demás de nosotros. Siguiendo el ejemplo anterior: tu jefe no te ofrecería este jugoso puesto de trabajo si eres un desastre, llegas tarde al trabajo o eres el rey del escaqueo. Lo mismo que el gerente de la pequeña empresa al que le ha tocado la lotería no va a contar con nosotros a la hora de ampliar su negocio si somos un proveedor desastroso.

Que tengan un buen concepto de nosotros influye directamente sobre lo que nos sucede y trae cosas buenas cuando a los demás les pasan cosas buenas.

Lo mismo que a la inversa, si hemos fomentado un mal concepto sobre nosotros a los demás, es más probable que nos sucedan malas cosas indirectamente por la mala suerte ajena.   

¡Estoy seguro que puedo provocar situaciones de suerte con mis acciones!

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