Estoy en Uvita, Costa Rica. Mi lugar favorito del país y donde “me he establecido” de alguna manera.
Han pasado ya 3 años desde la primera vez que vine a este lugar y tuve el primer pensamiento de “me gusta la energía de aquí, creo que podría ser un buen lugar para establecer una base.”
Recuerdo perfectamente el momento y el lugar: una cafetería llevada por una hippie en una casa con un jardín precioso cerca de playa Chamán, he intentado re-encontrarlo varias veces, pero nunca lo he conseguido, el lugar cerraría y ahora es una casa normal.
En ese momento, cuando planteé este lugar, no tenía ni por asomo la capacidad de comprar algo aquí y mis circunstancias eran muy diferentes, acabábamos de salir del COVID, tenía viajes por delante y no tenía un plan establecido. Sencillamente viajaba con mi pareja, queríamos ver cómo estaban las cosas de vuelta en Nicaragua y la mejor manera de llegar allá era vía Costa Rica.
Cuando hecho la vista atrás alucino con lo que han cambiado las cosas en apenas este tiempo, menos de mil días y una situación totalmente diferente.
Ahora estoy terminando de construir una propiedad que he diseñado para mí y que además tiene la capacidad de retirarme económicamente de por vida. Pero es que además tengo otras dos propiedades, ya funcionando y que hace muy poco ni siquiera podía soñar con tener.
Muchas veces la gente me pregunta cómo hago tanto y creo que no tengo una respuesta clara para ello. Me he acostumbrado a estar así -no digo que sea bueno- y me dedico, una y otra vez, a pensar en grande, perseguir sin límites. Algunas de las cosas que he pensado no han salido, muchas otras sí.
La experiencia, el buen olfato, rodearse de buena gente y la constancia han hecho el resto.
Yo le llamo el poder de las ideas. Últimamente creo mucho en ello y por aquí me estoy encontrando en una situación divertida:
La gente quiere escuchar mis ideas.
Es curioso porque en mi realidad de Uvita soy un desconocido para la mayoría. A pesar de que tengo muy buenos amigos -españoles ellos-, y que conocen vagamente mis proyectos, aquí me relaciono mayoritariamente con expats de todo el mundo, pero es gente que me ve como un inversor, un tío de negocios, no un creador de contenido.
Bien, pues algunos de ellos han empezado a pedirme consejo.
Pero de manera formal.
Me refiero a que me escriben mensajes tipo: “Hola Carles, soy X, me ha pasado tu número XX y me gustaría plantearte una idea de mi proyecto y conocer tu opinión sobre ello.”
Así es como esta noche he terminado cenando en el mejor restaurante de la localidad con un italiano que, sencillamente, quería escucharme.
Venía de parte de otro italiano, que me invitó a desayunar dos días antes porque quería consejo sobre cómo plantear su restaurante.
Pero es que antes de ayer tuve otra cena con un americano que me pedía consejo por un negocio de distribución de alimentos. Y estoy mentorizando semanalmente a un empresario local para ayudarle a poner orden y administrar su clínica de cirugía dental y un hotel.
Lo más curioso de ello es que no lo estoy buscando, literalmente está llegando a mí. Y a más doy, más vuelve.
No sé muy bien a dónde llevará todo esto, pero estoy comenzando a esbozarlo.
Se parece mucho a lo que hago los martes en Alternatribu -y que disfruto enormemente-, las sesiones en las que desarrollamos proyectos e ideas.
Me flipa poder vivir así y sentirme tan útil con ello.
El poder de las ideas…
Las mismas que no me dejan dormir ahora, son las 3 de la mañana y me he despertado hace un rato por la lluvia torrencial que caía.
Ahora la cabeza no para y he pensado que sería una buena idea plasmarlo.
¿Servirá este correo para desarrollar un podcast?
¿Servirá para que alguien nuevo entre en Alternatribu? Es donde puedo aportarle más valor.
Seguiré, sencillamente, insistiendo en mis pasos. Con la certeza de que voy por buen camino.
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