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Lógica filipina destornillante. Somos responsables de cómo nos tomamos las cosas

Era más de media noche cuando la habitación ha empezado a temblar. Un ruido tal como si unas aspas de un ventilador gigante pegaran contra la pared. Nos hemos despertado de un bote.

¿Qué cojones pasa? -le dije a Javier, que también se levantaba de su cama-.

El ruido venía de la pared exterior, pero también retumbaba dentro.

Abro la puerta, las luces apagadas, el recepcionista está despierto y fuera, ve mi cara de asombro y me dice:

It’s because the high electricity.

Yo lo miro todavía más asombrado, sin entender absolutamente nada. Extiendo mis brazos como diciendo “What The Fuck?”.

Él entra en la habitación, conecta el aire acondicionado, me mirá y me dice:

15 minutes and it’s ok. Thank you, good night.

Y no puedo hacer otra cosa que descojonarme, tirarme en la cama y esperar. Finalmente paró el infernal ruido, ni idea de lo que ha tardado.

Hemos dormido un rato, pero de nuevo, el susto al despertar.

Golpes en la puerta y una vocecita de un hombre:

-”Good mooorning sir, service room, Good mooooorning sir, Service room.”

Está todavía oscuro, no entendemos nada, ¿qué está pasando?

Me vuelvo a levantar de nuevo, abro la puerta y me encuentro a uno de los recepcionistas, que me mira y me dice:

Breakfast it’s served on the table sir. Good moooorning.

Y no recuerdo muy bien qué le he contestado, pero mi cara era de nuevo de “¿Qué diablos me estás contando?” y él ha repetido la misma estupidez, me lo quedo mirando de nuevo y le digo:

It’s for another room man, it’s just 6 am in the morning!

So sorry, good morning, sir.

Y ya no he dormido más.

Pero estaba feliz, de verdad contento. 

Hace años, solo unos meses quizás, me hubiera cabreado un montón, les hubiera dicho de todo y habría reclamado.

Hoy me reía del Carles del pasado, me reía de la situación y confiaba en que, sencillamente era una anécdota. Imaginaba incluso algún plan chistoso para reírme luego en el desayuno con el chico que me había despertado. 

Un par de horas después, cuando se ha venido a disculparse, solo le he dicho: 

Don’t worry, It’s ok, just don’t do it again tonight please.

El desayuno del hotel era lamentable, literalmente era 1 plátano y media manzana, partidos por la mitad, en un plato con un poco de huevo revuelto. Como tenemos el desayuno incluido en el hotel, estos días estamos ayunando por la noche.

Decidimos ir al mismo ressort en la playa en el que estuvimos ayer, desde aquí se trabaja genial, tienen buen internet y es cómodo, la comida está buena, el café era decente y hoy queremos utilizar la piscina -ayer nos dijeron que cobran un fee de 1.000 pesos, que luego puedes consumir en el restaurante-.

El tuk tuk que nos lleva allí nos pretende cobrar 100 pesos, el precio oficial es 40 y lo que hacemos es que ya tenemos preparados billetes de 50, ni siquiera preguntamos el precio antes de subirnos. Al llegar allí pagamos con el de 50, nos piden cien, les decimos que no y se quedan los 50.

Nos ha pasado en los 6 o 7 viajes de tuk tuk que hemos tenido, hay una estrategia generalizada de estafa al turista que, una vez conoces, no tiene mucha fricción. Ellos saben que te están estafando, tú se lo dices, aceptan que pagues un poco más que un local.

Bien, llegamos al maravilloso resort. 

En la mesa en la que estábamos ayer nosotros está sentada una pareja joven de españoles, con sus rastas y gafas de lujo, tatuajes y pintas de pijipi. Ayer estaban por aquí también, hoy tienen una bronca descomunal.

Javi y yo nos miramos y ni se nos ocurre abrir la boca, de hecho, en alguna ocasión en la que nos cruzamos con otros españoles, hablamos entre nosotros en inglés o uso palabros en italiano.

Nos sentamos en otra mesa y como buenos cotillas comentamos: “Me alegro de no tener pareja en estos momentos, qué pereza de discusión.

Viene la camarera, hoy el personal es diferente del de ayer. Le pregunto si puedo ir a la piscina y pagar gustosamente los 1.000 pesos, tal y como nos explicó ayer la encargada del restaurante.

Estamos hablando en inglés y parece que, de golpe, se le ha quedado obsoleto el vocabulario, nos mira sin decir nada, durante un buen tiempo, tanto como que miro a javier, intentando contener la risa y preguntándome si es que le ha dado un cortocircuito a la mujer.

Sorry, i come now –logra decir finalmente y se marcha corriendo hacia la barra-.

Vuelve rápido y nos dice:

The pool it’s under construction.

Miro la piscina, que está a apenas 20 metros de nosotros, y en la que hay un señor bañándose plácidamente, me río y le pregunto que si es que está en construcción para nosotros y para él no.

¡Y me contesta que sí!

Buenísimo, esto me está recordando tanto a Nicaragua. Recuerdo una vez que al cuidador que se quedó en mi casa y en lugar de dormir en su cama usaba la mía y le pregunté que cómo era posible que mi perro hubiera hecho la cama con sus sábanas -que era lo que él afirmaba- y sencillamente mantenía que sí, que Ute había saltado una pared de tres metros para colarse en mi habitación y hacer la cama con las sábanas que el cuidador traía de su casa.

-¡Habrá que llevarlo al circo, tengo el perro más inteligente del mundo!

Bueno, la cosa es que la piscina está under construction, pero solo para nosotros, la familia que ahora chaporrea en ella ya la tiene construida. 

¿Y sabes qué?

Sigo feliz, riéndome de la situación, sin discutir por ello y tomándomelo con el mejor de los sentidos del humor.

Al final, somos responsables de cómo nos tomamos las cosas, y esto marca una grandísima diferencia.

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