Qué hacer ante el síndrome del impostor [Caso real]

El síndrome del impostor o de “fraude” es muy común entre nuevos emprendedores online. De hecho, yo mismo lo sufro en cierta medida y siempre me lo encuentro en las sesiones de mentoría y consultoría para emprendedores.

Por eso he decido escribir este post, porque es tan frecuente, que merece un apartado propio.

Además, puedes escuchar este episodio del podcast sobre el síndrome del impostor dándole al play aquí:


¿Qué es el síndrome del impostor?

Normalmente suelo encontrarme el síndrome del impostor cuando hablo con emprendedores, a la hora de vender algún servicio o producto. Si tuviera que definirlo de alguna manera, sería así:

“El síndrome del impostor sucede por falta de seguridad a la hora de tratar un tema en concreto, posicionarse como experto o vender servicios y productos.”

Si buscas info por ahí, algunos blogs te hablan de que es un trastorno psicológico. Yo no lo considero tal, pienso que un trastorno psicológico es algo muy importante a tener en cuenta y a tratar, mientras que el síndrome del impostor, muchas veces, viene relacionado con la inseguridad y falta de confianza en uno mismo (que cualquier persona humilde puede tener en algún momento)

La mayoría de las veces, se soluciona de manera muy fácil con un: “déjate de chorradas, que tu puedes explicar esto y mucho más, cree en tí mismo y métele caña.”

soy capaz

Síntomas que sufre el que tiene el Síndrome del impostor

Si hiciéramos un listado de sufrimientos de una persona que padece el síndrome del impostor, diríamos que son:

Creer que no es un experto en la materia y que por lo tanto no puede posicionarse como tal.

Falta de confianza en las propias aptitudes.

Temor de ser juzgado por los demás.

Inseguridad consigo mismo.

Parálisis por análisis.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos por el síndrome del impostor?

Cuando el síndrome del impostor se convierta en un paralizante y no te deje pasar a la acción.

síndrome impostor hombre careta

síndrome impostor

Te voy a poner un ejemplo a forma de historieta, basado en una de las consultorías que he realizado (cambiando la temática), el caso de Juan el pastelero.

Juan es repostero,  dirige una pastelería desde hace más de 20 años, de hecho, heredó el negocio familiar de su padre, al que ayudaba siendo ya un crío.

El caso es que Juan, que es mucho más joven que su predecesor y ha querido renovar el negocio, me contrató a mí como consultor de marketing para que le digitalizara parte del negocio pastelero, aunque ya tenía un community manager que le llevaba las redes sociales, quería a alguien que le pudiera dar otra visión y buscar nuevas fuentes de ingresos, porque la competencia le estaba pisando terreno.

Como soy súper bueno como consultor, rápidamente le dije:

-Oye, lo tengo clarísimo, montaremos un blog sobre pastelería y un canal de youtube donde enseñes algunas recetas, cuando tengamos suficiente audiencia, lo monetizamos.

Juan, ni corto ni perezoso, empieza a grabarse y nuestro equipo de “redactores” (en realidad son monos que tenemos encadenados a máquinas de escribir) empiezan a crear posts y videos de youtube, posicionando un montón de contenido y captando muchos suscriptores.

En marzo del 2020, a causa de una pandemia rarísima provocada por algún ser muy malvado, confinan a toda la población mundial a sus casas (entre la que está incluida la audiencia de Juan el pastelero) y como Juan no puede vender pasteles, me llama y me dice.

-Carles, que no vendo ni un pastel, que soy autónomo, que el gobierno me miente con lo de los ERTEs y siguen cobrándose la cuota de autónomo… ¡Necesito ingresar dinero! ¿Qué puedo hacer?

-¡Ya lo tengo! Vamos a aprovechar la situación: ¡Lanzarás un curso de pago para hacer pasteles en casa! Todo el mundo está encerrado y ya tienes miles de personas que te visualizan y encima les caes muy bien, vas a venderlo como churros.

Hicimos un planning del curso, preparamos un lanzamiento express e hicimos cuentas: si convertíamos al 1% de su audiencia (es una tasa bastante conservadora), Juan facturaría mas de 5.000€ con el lanzamiento del curso. Suficiente para paliar el golpe durante el confinamiento.

Pero pasaron los días y Juan no producía nada de contenido, grababa y borraba todo, a la semana me llamó.

-Carles, que no sé qué hacer, que yo no valgo para esto… Que nadie me va a comprar, ¿Cómo voy a vender un curso sobre pastelería?

Juan, el pastelero con más de 20 años de experiencia, que tenía un canal de youtube y un blog sobre pastelería con miles de seguidores y recibía decenas de comentarios de agradecimiento por lo que hacía, de golpe, se sentía un don nadie y pensaba que no sabía estar a la altura. ¿Qué había cambiado?

pastelero online

Que ahora estaba cobrando por ello. Juan estaba sufriendo un caso típico del síndrome del impostor.

Menos mal que nos reunimos, le puse las pilas y le convencí para vender el curso. Hicimos el lanzamiento en abril y fue un exitazo, logramos más de un ¡3% de tasa de conversión en ventas, triplicamos las expectativas iniciales! Además, preparamos una estrategia de ventas automatizada y desde entonces, cada mes vende el curso a nuevos usuarios. Juan ahora es un pastelero feliz.

¿Te ha molado el cuento? Pues aunque pienses que no es cierto (la parte de los monos lo delata un poco) ejemplifica claramente lo que es el síndrome del impostor.

Falta de confianza o baja autoestima

Básicamente se trata de falta de confianza en uno mismo, muchas veces producto de baja autoestima o de compararse con personas que saben más en lugar de compararse con personas que saben menos.

Cómo superar el síndrome del impostor

Creyendo en uno mismo y dejándose de chorradas. Comparándote con la media de la gente en lugar de con los grandes expertos del campo.

Si sabes más que la mayoría y eres capaz de transmitirles tus conocimientos, deberías hacerlo. Es normal que haya personas que saben más que tú, no pasa nada.

Cuándo es bueno el síndrome del impostor.

Cuando es de sentido común y tiene razón de ser. Por ejemplo: Si yo ahora quisiera escribir un libro sobre ingeniería aeroespacial, de lo que no tengo ni la más remota idea.

A la hora de encarar el libro, es normal que me empezara a sentir con el síndrome del impostor. ¡Pero con razón!

Evidentemente puedo coger un montón de libros y artículos sobre el tema, leerlos, analizarlos y hacer un remake de ellos para crear un texto original hablando sobre ingeniería aeroespacial. Pero aunque estaría mejor informado, seguramente seguiría sin tener ni pajolera idea de lo que realmente es y cómo funciona. 

Publicar un libro sobre el tema me estaría posicionando como experto en el mismo y, evidentemente, estaría siendo un impostor.

síndrome impostor hombre luna

Es en este momento en el que el síndrome del impostor es útil, porque sería mi conciencia diciéndome: “oye, para el carro, que te estás flipando y en realidad no tienes ni idea de lo que estás hablando”.

El problema de los vendehumos y el síndrome del impostor inverso.

El problema de los que no padecen en absoluto el síndrome está en que se creen con derecho a hablar como expertos sobre cualquier tema (tienen una falta de humildad total) y son capaces de posicionarse y vender lo que sea.

De ahí que ahora esté repleto de chavales de 20 años vendiendo cursos sobre coaching de la vida.

Siempre me ha gustado muchísimo una frase de algún sabio empresario que dice:

“No hay nada más peligroso para una empresa que un tonto con iniciativa”.

Test síndrome del impostor

Hay una página con un test para saber si tienes el síndrome del impostor sobre un tema (en inglés) que, según ellos mismos: “La prueba del impostor se desarrolló para ayudar a las personas a determinar si tienen o no características de impostor y, en caso afirmativo, en qué medida están sufriendo.”

Si quieres probarlo, te invito a que hagas el test del síndrome del impostor. Son menos de 2 minutos y seguramente no te sirva para nada, pero se han currado una página muy chula.

Deja un comentario