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Ritual de fin de año, practicando la gratitud.

Ayer después de realizar mi ritual de fin de año, me sentí tan pleno y recibí tan buenas respuestas, que creo que es lo que te tengo que compartir hoy. Para mí, ya se ha convertido en una tradición personal y me encantaría extenderla al resto.

El día 31 lo destino al gusto, a sentirme bien, a la introspección y a la gratitud.

Lo más gracioso es que sucedió con una serie de actividades fallidas: por la mañana trato de ir a desayunar sano y rico. Pero donde estamos no hay muchas opciones y terminamos comprando un bao bastante soso. Por lo menos, conseguí comprar unas uvas para la noche.

Monté el TRX y me puse a entrenar bien, para después meditar en el césped. A los cinco minutos de estar meditando, comenzó a llover y terminé levantándome.

Revisé el prólogo del libro. ¡Terminé de escribirlo el día 30 de diciembre! -no te imaginas lo feliz que me hace esto-. En breve ya lo podré poner a la venta.

Fuimos a comer, la idea era pegarnos un festín, terminamos en una especie de marisquería local que fue bastante fiasco, Javi la describió como “comida mejor que una mierda en papel albal”. Además, costó un buen dinero.

Por la tarde teníamos planeado ir a unas aguas termales en el mar, algo raro que solo se encuentra aquí. Antes, me puse a estudiar. Llevo semanas dedicando una hora diaria a formación y me flipa, estoy aprendiendo una barbaridad.

Las aguas termales fueron bastante un “sin más”. Se estaba a gustito dentro del agua, pero hacía un viento tremendo y la idea que llevábamos era la de escribir a ratos, totalmente imposible.

Finalmente decidimos marcharnos, cuando vino una tormenta. Barajamos la opción de quedarnos o marcharnos… ¡Nos vamos! del viento que hacía, se me voló el casco en plena marcha jejeje

Bueno, que a las 5:50 de la tarde estábamos cenando en un buen restaurante, gastando el poco efectivo que teníamos y que necesitamos para pagar el hostal donde nos quedamos -problemas del futuro, nos dijimos-. La cena estuvo bien, muy rica, menos mal. 

Incluso pecamos y fuimos a comprar un helado, camino al hostal.

La tarde y la noche la pasamos escribiendo, yo la dediqué a la reflexión sobre aquello que ha ido bien durante todo el año. Todos los buenos momentos que he tenido, los escribí en mi diario. Como el año pasado, terminé escribiendo varias páginas y me sentí muy afortunado. ¡La de cosas buenas y momentos buenos que he tenido este año!

Hice una lista y comencé a escribir y mandar mensajes de voz a todos aquellos con los que había compartido para agradecerles, explicándoles que es algo que hago cada año y que pienso que está infravalorado -el agradecer-. Así que, desde las nueve de las ocho hasta las once de la noche, me la pasé hablando y recibiendo mensajes de respuesta de mis seres queridos, recordando buenos momentos del año 2023 y agradeciéndonos por ello. ¿Se puede terminar el año de una manera mejor?

Si no lo has hecho nunca antes, pruébalo, sienta tan bien como un abrazo.

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